Canto del cisne

No des por muerta a tu amiga, ni siquiera conozco el nombre de quien te aventuras a darle el canto del cisne.

Me sorprende el vaivén mi propio aliento, pensé que cuando abriera los ojos, mi cuerpo no me pertenecería y estaría junto a los Seis. Para ser sincero, no atisbo más que una neblina y tras ella, formas. Me pesan los párpados, me punzan, me rabian.

Es de día pese a que por el sisal de las cortinas parecería que nos envuelve la penumbra de la media noche. El fuego que me envolvía, ha desaparecido pero aún siento las brasas humeantes que pelean por no extinguirse en lo más profundo, donde mi carne se convierte en la energía ley que nos recorre por dentro a todos los hijos de Tyria.

Conforme mi vista se aclara veo a mi lado, en un camastro a un par de metros de distancia, la silueta de una Norn tapada por las sábanas de algodón. Es Neca, hija de Skamkil. La recuerdo del último día de Melandru. Su ronca voz discutía y repartía argumentos contra tres devotos de los dioses. Neca se refería a ellos como algo llamados “espíritus de acción”, el espíritu de la guerra, de la naturaleza, del conocimiento… suficiente para hacer enfurecer al devoto que no sepa ver más allá de su fe.

Han pasado ya largos minutos desde que veo con total precisión. La vista recia, como el pelaje de mi cabellera, es tan propia de nuestra familia como nuestra heráldica. El ganso y pluma sobre un equipolado en verde y blanco. Pocos saben que en realidad es un pato, pero la nobleza de Kryta ve cuanto desea. Hay unos quince camastros vacíos a cada lado, y hacia el fondo, otros tantos.

-¿Crees que, basándome en esta mala baba, pueda una supuesta comerciante venida del acogedor frío de Hoelbrak, romper un contrato con los vuestros debido a esta peste?
Su tono grave provoca que mi atontamiento me escupiera al fin.

-Humano, contéstame. Ni tus dioses ni mis espíritus saben lo que nos queda por estar en este encierro, y lo harás más aburrido si no abres la boca.

-Pu, puede –contesto como un resorte.

El bostezo de Neca se me antoja más próximo al rugir de una osa que a quien combate la pereza a fuerza de pulmón. La norn mira rápidamente a los rincones de la sala y sonríe. Alza sus piernas y las deja caer sobre el suelo como dos martillos riñendo con sendos yunques. Comienza a rebuscar en un escritorio que puedo ver una vez zarandea las cortinas que nos separaban, sus dedos y olfato dan buena cuenta de cada cántaro, tazón y envase.

-Sangre de la Lechuza, ¿no hay nada que humildemente pueda beber? Si paso otro minuto más sin dar un trago…

-No es momento para vuestra reputada cerveza norteña. No se usted, pero yo no sé ni en el día en el que vivo, menos lo que nos aguarda el destino o a lo que el otro lado de esa puerta nos enfrente.

Neca se gira y vuelve a sonreir. Esta vez, marca sus dientes, pudiéndose vislumbrar hasta los más escondidos.

-Chico, lo primero, háblame con el ‘tú’ que da la cercanía. Soy hija de mercader, no vuestra reina sin zapatos. Segundo, esto es un hospital improvisado, y por lo que sé llevas una larga semana en esa cama. No tienes nada que temer, al otro lado, hay pasillo, salvo que eso os aterre a los de Kryta. Y por último, buscaba un trago de agua, infusión o caldo del de este desayuno. No todos los Norn somos unos ebrios borrachuzos, mi querido amigo, aunque no por ello despreciaría un buen trago del norte.

No sé qué contestar. Asiento fríamente y me levanto de la cama como si en sus palabras hubiera oculta una orden. Soy la clase de persona que huye de las normas hasta que es demasiado tarde pero me tomo aquellas que no lo son como un dogma propio de nuestra fe. Sin más palabras y con el solitario gesto de su barbilla, Neca me instiga a abandonar aquella habitación. Hubiera salido detrás de ella igualmente sin su invitación, aún estoy algo confuso y no me apetece estar solo. Antes de llegar al umbral, ella se ha esfumado. Tan solo el retumbar de sus pasos, carentes de cualquier intento de pasar desapercibidos, me dirigen hacia la planta superior y tras ella, hacia un tragaluz abierto hacia la azotea. Mi cuerpo aún está débil, por lo que pasar a través de un espacio tan reducido, me cuesta un par de maldiciones de nigromante. Al ver a Neca plantada sobre el depósito de agua, no llego a entender como los anchos hombros norn, han pasado por esa misma oquedad.

Me acerco, ante mí una barandilla de ladrillos de barro queda por debajo de mi rodilla, un suelo jaspeado con aspecto de jergón de paja y el humo de una decena de chimeneas. Las calles bajo nosotros se mantienen serenas, sin una solo ser que las transite. Neca no tiene miedo de que el agua recogida de la lluvia le traiga malestar y bebe como quien se ha perdido en el desierto de arena de la perdida Kourna. Me invita a beber a manotadas del tonel cortado a mitad, y tan rápido como lo rechazo, ella continúa bebiendo.

-Acababa de inaugurar mi casa de comercio, ¿sabes? –El rostro de Neca pierde energía a cada palabra que brota- Invertí los ahorros de mi vida y gran parte de los de mi padre. Ahora es un local vacío, más de medio millar de cajas de madera a las que le he perdido la pista deberían llenar vitrinas, estantería y arcones. Nunca me ha sonreído la sabiduría del gran Cuervo, pero esperaba que la suerte de la liebre me bañara con su brillo.

-Curioso, a simple vista parecía que estabas disfrutando de tu descanso.

-¿Sacaré algo de beneficio si aporreo mi camastro, maldigo a los espíritus o lloriqueo? No, a cada combate perdido, una se alza y busca una nueva presa. Soy una norn, no un enclenque grawl.

Asiento, sin más mover. Sus palabas pesan y se hacen notar, son capaces de golpear y azuzarte a la vez. La comerciante lleva el espíritu de una líder en su voz, no, la de una cabeza dominante de una jauría de lobos.

-Mira las calles vacías. Hay cientos de marjales de trigo y cebada echándose a perder, corderos que escapan, lobos que destrozan rebaños. Al terminar, pocos tendrán ganas de comprar antigüedades y rarezas, ya vengan de Rata sum o sean vestigios cristalizados en el Mar de Jade.

-Este mundo ha pasado por grandes catástrofes, pero siempre se ha recuperado.

-Por supuesto, pero atrás quedan quienes con sus cadáveres cimientan ese nuevo renacer. Gente buena. Llegué aquí junto a otra norn, una joven que en su camino de ser chaman. Vino para prender algo de vuestra medicina santurrona y, ¡por la osa que va a aprender! –Sus ojos se vuelven opacos, llenos de sombras y dudas- Eso si esta plaga no se la lleva como una mártir.

-¿Dónde se en…

-En la casa de Dwayna, donde llevaron a los afectados más graves. La muy necia fue sin pensarlo –Neca entrechoca sus puños, creando un tosco sonido-. Así, sin más miramientos, directa a las fauces de Drakkar. Ningún sanador está a salvo, y sabiéndolo…

Neca continúa su discurso, a cada letra que brota, pierde el fuelle hasta convertirse en un susurro plañidero. Me siento impotente, incapaz de parar el desangramiento anímico que hiere a la norn-

-¿Le volverías la cara a tus espíritus? Poco se de medicina y aún menos de divinas consagraciones, pero si de algo no dudo es que sanadores, clérigos y boticarios encuentran en su vocación una fe, que ni tus plegarias de bestiario ni las mías a los Seis podrían alcanzar. Puede que ella arriesgue su vida, pero para ella no habría vida si no intentara salvar la de otros.

Neca balancea la cabeza con la mirada fija sobre el reflejo del agua, donde las ondas convertían las nubes de aquella mañana en una niebla ondeante, como la que recorre las calles de esta ciudad, y sabe Kormir si del resto de Tyria.

-Que el Leopardo me zarpee, pareces conocerla tan bien como yo. Para los norn no hay nada mejor que morir en manos de un fuero enemigo. En mi caso, no sabría ponerle rostro. Tan solo, y no estoy demasiado segura, si los míos me llamaran para luchar contra el dragón del norte accedería. Pero para ella, esta plaga será su gran rival y su digna muerte.

-No des por muerta a tu amiga, ni siquiera conozco el nombre de quien te aventuras a darle el canto del cisne.

En la mirada de Neca veo una decisión que me confunde y que no traduzco.

-Ni tampoco yo conozco el tuyo, humano.

Dela el Escriba

¿Quieres que nuestro Escriba opine sobre algún tema en concreto? contacta directamente con Delaenviándole un mensaje privado.

Si te ha gustado el artículo comparte con nosotros tu opinión.

Log in to comment

Avatar de Dela
Dela respondió el tema: #1675 23 Feb 2017 08:54
Recuerda que de pelusas, de pelusas hilvanadas, enmarañadas en parcos colores y sin lustre alguno se ceban nuevos cojines.

Mi forma de vivir por primera vez cada capítulo, es bastante similar a la tuya. Lo roleo solo o acompañado, en mi mente añado los fragmentos de diálogo que son más propios de mí, Dela el descendiente de aquel paragón de Elona, que del comandante del Pacto. Tengo por costumbre repetir cada capítulo un par de veces, casi siempre con Auri, ladrona brabucona, algo bebedora pero pura ternura y corazón junto a algún otro de mis aliados de bits: Eisenbear, ingeniero y alquimista peculiar, el guerrero sylvari cuya semilla brotó en arrojo y ardor o Drag, la maestra de elementos cuya única jerarquía de la que entiende es la de las Legiones...

Cada día lo digo y nunca lo hago, pero debería compartir mí ficha de personaje para que conocierais un poco mejor al devoto de Kormir de cuna noble y tez tostada por Elona. Del que tanto hablo y que paciente espera (Cada vez huele más el aire a rol).

Al final, como si de GW1 se tratase, veo a mi alter guardián amparado de uno o varios héroes nacidos bajo mi puño y letra. Sea pistola, escudo o kit, cada uno ofrece una nueva visión, capaces de cuestionarle el protagonismo de la trama (entiendo al comandante, al héroe como uno grupo, donde unas veces es "x" quien habla, y otras "z" la que actúa).

Pero al final, brabucona, noble y seguidor de la osa, terminan en el mismo punto. En este concreto en el que nos encontramos, sus rostros lucen confusión, retazos de engaño, pizcas de desdén en donde siempre cabe la esperanza de no haberse equivocado. Es sin duda, cuando ni siquiera dos de ellos consiguen un acuerdo, cuando yo vuelvo en mí, suelto G13 y ratón para aplaudir (metafóricamente, sino quedaría como un loco).

Cada uno roleamos un papel, un fragmento o una compleja trilogía de razas forjadas en elementos, pieles cerúleas y vestigios del pasado, pero cuando la trama no deja indiferente a ninguno de los actores. ¡Por Kormir que ha sido buena!

Solo nos queda esperar, especular con inquina y brindar con espumeante hidromiel omnom.
Avatar de Gawain Brightblade
Gawain Brightblade respondió el tema: #1666 22 Feb 2017 02:38
La última opinión sobre el capítulo de La Cabeza de la Serpiente y la comparativa sobre ser títeres del caos me ha encantado. Cuando jugué la historia desconecté todos los Chats y la jugué saboreándola junto a un compañero. Los dos íbamos de Caballeros, leales servidores, disciplinados, con una enorme venda en los ojos descargamos nuestra espada sobre lo que quiera que sea que amenaza el Orden en Tyria. Y escuchamos a la Reina, no un derrape, porque eso sería un error, una declaración total de intenciones, haciendo gala del canto de sirenas de la política, que como el que quita una mala hierba, para mantener bonito el jardín, habrá que ejecutar a quien haga falta.

Y en este tren nos montamos señores, y a toda velocidad, y llegamos a la ultima estación chirriando sobre los raíles, y nos dan esa jugosa información que es el hueso de oro para el perro fiel. Vaya información, y ahora que? ¿quién es el malo y el bueno? ¿Soy yo el feo?

GW2 puede tener algunos fallos, esa pelusa entre los cojines de los aciertos, pero una cosa es segura, sabe emocionarme, a mí y a quien vive el juego de forma intensa, llámese roleros, jugadores inmersivos, o réplicas de El Cortador de Césped.