Celeste Albor

Cuidar los unos de los otros, me parecía algo tan sencillo que nunca pensé que me daría ni para medio pensamiento.

Creímos que esto sería un asedio típico pese a que desde Cantha nos avisaron: sus armas no quebrarían nuestros muros y edificios, quebrarían nuestro espíritu. No hicimos el caso que Kormir nos aconsejaba. Ahora es tarde para lamentos, está en los adoquines y abrevaderos. Nos toca actuar sin demora.

¡Oh Dwayna, madre de luz, preservadora incansable, diosa misericordiosa, te rogamos que tu alba nos resguarde!

Ha pasado solo una semana desde que comenzó esta corrupción, pero echo de menos tantas cosas. Los bizcochos de azúcar y canela de la taberna de Brons, el vino picante de esa cantina recién abierta al sur de Línde de la Divinidad…

En realidad, no sabría como he de sentirme. Pedimos a la población que se resguardase con sus familias mientras que yo, estoy aquí fuera. ¿Seré afortunado o es acaso que el destino ya me ha dado condena?

¡Eh, tú! ¡Botarate insensato! ¡Fuera de las calles!

Será escurcabojas…, otro pícaro que aprovecha para robar, arropado en el desconcierto. No son más que necios, creen robar el tiempo que otros malviven en sus hogares, pero lo único que hacen es darle alas al enemigo. Sus pulmones y sus voces son las armas que usan para arrebatarnos lo más preciado, tan preciado que no sabíamos que lo ansiábamos hasta que nos hemos visto obligados a perderlo.

Antes, antes de esto no lo había pensado. Cuidar los unos de los otros, me parecía algo tan sencillo que nunca pensé que me daría ni para medio pensamiento. Sin embargo, cuidar ahora cobra sentido, pues es tan valioso tender la mano del mismo modo que saber mantenerla guardada, tanto el hacer como el saber estarse quieto.

¡Diablos ancestrales! Noto que los pulmones me arden cada vez que carraspeo. La sangre, me alegra que sea mia y tan solo mi sangre. Siempre he odiado derramar aquella que no me pertenece. Me sentaré, aún no ha acabado mi ronda. Pronto me sustituirá el pequeño de los Zhanin, espero que me hiciera caso y recortara su barba y su cabellera, es un buen chico.

Me siento orgulloso, por mí, por lo que otros no han podido hacer egoístamente mientras he caminado por estos empiedres. Y por aquellos que desde lo alto me sonreían, me daban las gracias sin palabras. Apenas siento el frío.

Héroe, me llamaron héroe a mí. No soy más que un malcriado niño que hoy no es ni la sombra de lo que su madre, la gran joyera Eleineth fue. Hace medio mes estaba en estas mismas calles, borracho y abochornando mi estirpe.

Debí aprovechar mi tiempo, la alquimia, tuve todas las facilidades y las desaproveché. Pude aprender y hoy, hoy, sería un verdadero héroe, calmando los dolores de quienes no tienen ya salida y dándole una segunda oportunidad a quien cree que ya no la tiene. Para mí eso merecería ser un héroe.

Antes pensaba que la heroicidad, con sangre entraba, pensaba como tal en el cruzado, tan ceñido a su armadura como a su fe, empuñando escudo, mangual y cabalgando directo hacia las peligrosas fauces de Zhaitan. El usuario de lo arcano, aquel cuyo físico es consumido en favor de una pizca de guano y azufre, creando esferas de fuego y llamas que abrasen con las que protegernos de las hordas Tamini. La agilidad de arco y daga, que abate sin ser vista, sesga sin ser escuchada y comete latrocinio sin ser advertida.

Siento calor. La historia nos ha mentido, en ocasiones para ser un héroe es suficiente con no ser el villano. Aquellos quienes sanan pero también gestos más mundanos. El violín de la mayor de la familia Castronuevo. Sus notas no sanarán la respiración pero calma las almas de los aterrados.

Aún más calor. Es una llama cálida, de celeste luz. No puedo moverme, tampoco deseo hacerlo. Basta con no ser el villano. Villano o esbirro. Porque si decidimos contradecir el aislamiento impuesta por la Reina y tomarlo como una estío para regocijarnos y colmar las calles, eres el esbirro de un mal sin rostro, pues quebramos la ley que nos protege, el ánimo de quien nos mima y la moral de quienes por todos se sacrifican. Y en mayor grado, sería un estúpido gilipo… ser despreciable.

Ese halo, me toca sin llegar a quemarme. Estoy exhausto, hace días que no respiro bien. Es buen momento para tomar un descanso.

Celeste albor, ¿Dwayna, eres tú?

Dela el Escriba

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Dela respondió el tema: #1675 23 Feb 2017 08:54
Recuerda que de pelusas, de pelusas hilvanadas, enmarañadas en parcos colores y sin lustre alguno se ceban nuevos cojines.

Mi forma de vivir por primera vez cada capítulo, es bastante similar a la tuya. Lo roleo solo o acompañado, en mi mente añado los fragmentos de diálogo que son más propios de mí, Dela el descendiente de aquel paragón de Elona, que del comandante del Pacto. Tengo por costumbre repetir cada capítulo un par de veces, casi siempre con Auri, ladrona brabucona, algo bebedora pero pura ternura y corazón junto a algún otro de mis aliados de bits: Eisenbear, ingeniero y alquimista peculiar, el guerrero sylvari cuya semilla brotó en arrojo y ardor o Drag, la maestra de elementos cuya única jerarquía de la que entiende es la de las Legiones...

Cada día lo digo y nunca lo hago, pero debería compartir mí ficha de personaje para que conocierais un poco mejor al devoto de Kormir de cuna noble y tez tostada por Elona. Del que tanto hablo y que paciente espera (Cada vez huele más el aire a rol).

Al final, como si de GW1 se tratase, veo a mi alter guardián amparado de uno o varios héroes nacidos bajo mi puño y letra. Sea pistola, escudo o kit, cada uno ofrece una nueva visión, capaces de cuestionarle el protagonismo de la trama (entiendo al comandante, al héroe como uno grupo, donde unas veces es "x" quien habla, y otras "z" la que actúa).

Pero al final, brabucona, noble y seguidor de la osa, terminan en el mismo punto. En este concreto en el que nos encontramos, sus rostros lucen confusión, retazos de engaño, pizcas de desdén en donde siempre cabe la esperanza de no haberse equivocado. Es sin duda, cuando ni siquiera dos de ellos consiguen un acuerdo, cuando yo vuelvo en mí, suelto G13 y ratón para aplaudir (metafóricamente, sino quedaría como un loco).

Cada uno roleamos un papel, un fragmento o una compleja trilogía de razas forjadas en elementos, pieles cerúleas y vestigios del pasado, pero cuando la trama no deja indiferente a ninguno de los actores. ¡Por Kormir que ha sido buena!

Solo nos queda esperar, especular con inquina y brindar con espumeante hidromiel omnom.
Avatar de Gawain Brightblade
Gawain Brightblade respondió el tema: #1666 22 Feb 2017 02:38
La última opinión sobre el capítulo de La Cabeza de la Serpiente y la comparativa sobre ser títeres del caos me ha encantado. Cuando jugué la historia desconecté todos los Chats y la jugué saboreándola junto a un compañero. Los dos íbamos de Caballeros, leales servidores, disciplinados, con una enorme venda en los ojos descargamos nuestra espada sobre lo que quiera que sea que amenaza el Orden en Tyria. Y escuchamos a la Reina, no un derrape, porque eso sería un error, una declaración total de intenciones, haciendo gala del canto de sirenas de la política, que como el que quita una mala hierba, para mantener bonito el jardín, habrá que ejecutar a quien haga falta.

Y en este tren nos montamos señores, y a toda velocidad, y llegamos a la ultima estación chirriando sobre los raíles, y nos dan esa jugosa información que es el hueso de oro para el perro fiel. Vaya información, y ahora que? ¿quién es el malo y el bueno? ¿Soy yo el feo?

GW2 puede tener algunos fallos, esa pelusa entre los cojines de los aciertos, pero una cosa es segura, sabe emocionarme, a mí y a quien vive el juego de forma intensa, llámese roleros, jugadores inmersivos, o réplicas de El Cortador de Césped.